jueves, 5 de julio de 2012

Re—conociendo a un escritor

Hace días tuvimos la oportunidad de enviarle varias preguntas al amigo, poeta y escritor colombiano Sergio Marentes, el mismo que regala poemas personalizados en  Regálate Un Poema y que en su blog personal → Rastros De Lo Que Me Lee habla de las huellas que dejan los libros en su piel. 
¿Quién es Sergio Marentes?

Es un soñador profesional. Es un lector consumado. Un hombre que observa permanentemente su entorno, lo lee, y pretende cuestionarlo, o al menos definirlo a través de lo que escribe. Lee mucha poesía para saber, o por lo menos, comprender mejor, de qué está hecho un hombre.

¿En qué momento de tu vida te diste cuenta de que la poesía y la escritura era la tuyo?

Siempre inventé historias en mi mente. Siempre creí que inventar le hacía bien al mundo. Pero solo supe que podía llegar a escribir literatura leyendo un libro que, al final, me convertiría en escritor: “Confieso que he vivido” de Neruda. Mientras lo leía, afloraron todas las historias en mi cabeza. Al terminarlo me propuse a escribir una de ellas. La escribí, y todo empezó.

¿Qué te inspira o qué es eso que te impulsa a seguir escribiendo?

Algo dentro que no tiene explicación. Es una especie de necesidad invisible que al ser saciada, escribiendo por supuesto, ayuda a que mi corazón camine con paso firme y sosegado el arduo camino de la cotidianidad del siglo XXI. Eso y, sin lugar a dudas, la lectura de autores que son leyenda, poetas sobre todo que nunca claudicaron en ese camino que suele ser, unas veces, desagradecido.

¿Qué es lo más gratificante para ti como escritor?
Poder liberar esos demonios que me agobian como ser humano de manera limpia y frontal, dejándolos libres en las páginas de un libro, un cuaderno de notas o, simplemente en cualquier sitio donde mi mente pueda escribir.

¿Dónde y cómo surgió “Un bicho cayendo con épica agonía”?

Es muy difícil dar una explicación al por qué de una frase, o unas palabras sueltas que resultan titulando un grupo de letras. Los motivos o significados que obligaron la titulación pudieran ser igual, o más, que la cantidad de mentes que alguna vez crearon un texto literario. Sin embargo, recién se terminó de escribir el libro escribí lo siguiente (que reposa en mi blog personal bajo el título “¿por qué bicho, y por qué agónico? ¿Por qué épica, y por qué agonía?”):
Una de las preguntas más frecuentes cuando alguien lee el título de mi primer libro, o tiene el libro en sus manos es: ¿Por qué ese título?
El título del libro es “Un bicho cayendo con épica agonía”
Y se llama así por una razón tan compleja como corriente: Luego de terminarlo (con otro título, lo había llamado: “Al caer” y de subtítulo “Versos agónicos”), y pensar con detenimiento en el enjambre que nace dentro nuestro cuándo perdemos algo que fue importante en nuestras vidas, cualquier cosa, por un tiempo o para siempre, desfiló la idea en mi cabeza, en sentido vertical, y como un zig-zag lento y adormilante “Somos insectos, y en la caída hacia el precipicio, cantamos en el idioma que se nos ocurra, en lenguas inaudibles si es preciso, para tener un cómplice, un compañero y no morirnos solos en nuestras miserias.” Así que me decanté por el oficial, aunque más largo y engorroso, hasta para comentar en la tertulia cuando te preguntan ¿Cómo se llama el libro? Y al repetirlo resulta suficiente para ganarte un silencio que otorga.Pero quiéralo o no, ya quedó bautizado así, por los siglos de los siglos.
No sé si esto responda la pregunta. Lo cierto es que ahora sé que soy un bicho igual de débil que cualquiera que anda por  ahí, posiblemente espichado por una mano fuerte y ágil.

¿Qué sientes como poeta en un país en el que este tipo de arte no es tan apreciado?

Más que no tan apreciado creo que es menospreciado o, por lo menos, relegado a las últimas posiciones en cuanto a necesidades primarias. Claro está, hablo generalizando, es decir pecando, sobre las juventudes que vienen hace mucho tiempo detrás de un televisor viendo lo que pueden ver.

Los tiempos que vivimos hoy son de necesidades inmediatas y de cambios predecibles. Permanentemente vemos imágenes que se contraponen con una rapidez incontrolable; es casi como si fuéramos una de ellas y, de no movernos con la velocidad adecuada terminaríamos detrás de una más joven, y pronto olvidados por quien nos ve. En síntesis, creo que el mundo, tal como se vive hoy, no deja un respiro para leer poesía. Por ello, y para vencer al mundo antes de que me engulla, me propongo, todos y cada uno de los días que vivo, leer un poema, un verso, algo de poesía; no paso un día de mi vida sin leer poesía.

Pero para responder la pregunta, siento que debo trabajar sin descanso; es decir que debo preparar mi mente y mi cuerpo para que la poesía trabaje conmigo, por mí, desde mí, hasta mí. Lo bueno de la poesía es que no nos necesita. Es un consuelo  crudo, pero que permite vivir sin miedo a morir y no haber hecho lo suficiente.

¿Qué es “Regálate un poema”?

Es un proyecto poético donde regalamos poemas basados en hechos o situaciones, de todo tipo, puestas en la bandeja por un tercero. Una persona nos dice “quiero un poema que hable de cuando mi gatito se murió el día de mi cumpleaños”. Un grupo de poetas anónimos realiza  el poema, basados en la muerte del gatito. Hemos hecho poemas de todo tipo: De amor de pareja, hacia los hijos, de unas mujeres valientes que lucha por su país, uno muy curioso en forma de luna, en fin, de todo, para todos.

En estos últimos días estamos implementando subir el audio de la lectura del poema, realizada por su dueño, o por algún interesado colaborador.
Es un continuo compartir de almas; comparte el que se abre con su historia ante los poetas que hacen su poema personalizado, y comparte el poeta al pretender hacerlo poesía.

Sería algo como regalarte tu propio poema, creado por ti pero redactado o plasmado en forma poética por un anónimo. Yo soy el domador de esa manda de poetas venidos de toda parte.

Es un proyecto personal para retarme como creador y como dador. Regalamos poemas que retan a la crítica. Son poemas muy personales, casi que para una sola persona, pero con que esa persona se sienta poesía, la labor estará cumplida.

¿Qué te hizo compartir tus poemas?

Creo que es mi naturalidad de regalar sonrisas. La sonrisa es vida, la poesía también.

¿Qué autores son tus favoritos, te han servido de inspiración?

Si de poesía hablamos hay un poeta en este momento de mi vida que podría preferir: Rafael cadenas, venezolano. Estoy concentrado leyendo su obra completa y puedo decir que es una obra resistente al tiempo, como debe ser.

Pero no se puede resumir a un solo autor las referencias de aprendizaje. Un escritor latinoamericano que se quiera un poco tendrá que leer la poesía de Borges. Muchas veces. En caso de hablar de universalidad hay que leer a Blake, Saramago (en poesía y en prosa), Pessoa, Nicanor Parra, de mi patria a Álvaro Mutis. Pero podría resumir que mi autor preferido es José Saramago, desde cualquier perspectiva. Una de mis frases de batalla es: “Saramago… siempre Saramago.” Con eso lo digo todo.

¿A la hora de escribir tienes alguna costumbre o manía “rara”?

Necesito oír música no comercial. Ojalá desconectado de internet. Pero sobre todo, y la más importante, tener frescura para recordar todo lo que escribí en mi mente mientras no estuve frente al computador, siempre escribo, transcribirlo es solo el final del proceso.

¿eBook o libro impreso?

No me resisto al libro digital, he leído algunos, de hecho, pues de alguna manera, o en parte, pertenezco a los nativos digitales, pero la sensación que te produce un libro en papel no tiene comparación. Cada libro es único, en edad, color, aroma, textura. El libro digital pierde puntos frente a un lector tradicional, también conmigo, porque agota muchísimo más que el de papel.

Ahora hablemos un poco de Colombia y su baja tasa de lectura. Desde tu punto de vista como escritor podrías respondernos:

¿Cómo crees que se debe abordar esta problemática?

Creo que debería ser parte de una política de gobierno, local, regional, o nacional. En esto se deben incluir todos los temas comerciales y de relaciones internacionales porque, creo, no hay nada más universal que un libro, en su presentación adecuada para cada cultura. Tristemente, las personas menos afortunadas económicamente en Colombia consiguen primero un televisor que un libro, a veces cualquier cosa antes que un libro.

Esto nos da una lectura muy singular: a los grandes poderes políticos no le interesa que una persona se cuestione, se interrogue y sienta desasosiego frente a la sociedad que le tocó vivir. No le interesa que un ciudadano se sienta en desigualdad intelectual y llegue a pretender luchar por ello.

¿De quien crees es la responsabilidad de esta problemática, de las editoriales y sus altos costos, de la sociedad en general que no fomenta la lectura entre los jóvenes y niños, de los padres de familia?

Es una mezcla heterogénea llamada sociedad del tercer mundo. La gran mayoría pretende tener, no saber. Bastaría con saber. 
Un bicho cayendo con épica agonía

Acá se nos presenta un poemario que reúne versos dispares y diversos, como la vida misma, como cada ser humano que se debate en un mundo no menos anómalo. En este libro el autor nos revela tres versiones de la misma circunstancia vital que cualquiera podría vivir: “De este lado” Una perspectiva inmersa; “Del otro lado” La visión desde el afuera aferrado a la negación y al apego; “De ningún lado”. La visión desde el afuera objetivo. Esa circunstancia puede ser la muerte, la cercanía a ella, el nacimiento, o mejor, ese preciso instante cuando estamos por dejar de ver le túnel, y dejarlo tras nuestras huellas, el que sea. UN BICHO CAYENDO CON ÉPICA AGONÍA no es otra cosa que la lucha infinita por salir libre, e ileso de ser posible, de esto que llamamos vida.


Este es su twitter @SergioMarentes