jueves, 21 de mayo de 2015

Cita #Fragmento Los renglones torcidos de Dios de Torcuato Luca de Tena

Buscando un fragmento para compartir con ustedes encontré uno de Los renglones torcidos de Dios de Torcuato Luca de Tena, que me hizo pensar en «tienes que publicarlo» la idea inicial era compartir un fragmento pequeño pero a medida que iba leyendo me iba dando cuenta de que cortarlo sería un gran error. Todo el libro te hace reflexionar, te hace cuestionar sobre la vida y la supuesta normalidad. 

Ayer en twitter una usuaria nos lo recomendaba y esta tarde el libro se puso frente a mí y no pude evitar releer varios apartes. Espero que este fragmento les guste o que al menos se tomen el tiempo de leerlo.
Los renglones torcidos de Dios
Torcuato Luca de Tena
Una novela emocionante, un testimonio único, un libro para siempre.
Alice Gould es ingresada en un sanatorio mental. En su delirio, cree ser una investigadora privada a cargo de un equipo de detectives dedicados a esclarecer complicados casos. Según una carta de su médico particular, la realidad es otra: su paranoica obsesión es atentar contra la vida de su marido. La extrema inteligencia de esta mujer y su actitud aparentemente normal confundirán a los médicos hasta el punto de no saber a ciencia cierta si Alice ha sido ingresada injustamente o en realidad padece un grave y peligroso trastorno psicológico. 
En mi libro -edición Austral 2010- se encuentra entre las páginas 70 y 73, si tienes el libro en otra edición o editorial pueden encontrar este fragmento en el capítulo: CH El silencio no existe.

—Qué piensa usted de las artes?
—El arte es la ciencia de lo inútil.
El médico frunció la frente sorprendido. Aquella respuesta no cuadraba con la personalidad que había creído adivinar en su paciente.
—¿Quisiera decir que desprecia usted las artes; que las considera algo trivial, y a quienes las practican gentes desocupadas que no tienen otra cosa mejor que hacer?
—¡Nada de eso doctor! ¡Considero que el arte es tanto más sublime cuanto mayor es su inutilidad!
—Explíquese mejor.
—El hombre es el único animal que se crea necesidades que nada tienen que ver con la subsistencia del individuo y con la reproducción de la especie. No le basta comer para alimentarse, dino que condimenta los alimentos, de modo que añadan placer a la satisfacción de su necesidad. No le basta vestirse para abrigase, sino que añade, a esta función elemental, la exigencia de confeccionar su ropa con determinadas formas y colores. No se contenta con cobijarse, sino que construye edificios con líneas armoniosas y caprichosas que exceden de su necesidad: lo cual no ocurre con la guarida del zorro, la madriguera del conejo o el nido de la cigüeña. ¿Hay algo más inútil que la corbata que lleva usted puesta? ¿De qué sirve al estómago la salsa Cumberland o un Chateaubriand a la Périgord? ¿Qué añade al cobijo del hombre el friso de una escayola o las orlas en forma de signos de interrogación de los hierros que sostienen el pasamanos de una escalera? Pues bien: todo eso que está inútilmente “añadido a la pura necesidad”... ¡ya es arte! La gastronomía, la hoy llamada alta costura y la decoración son las primeras artes creadas por nuestra especie, porque representan los excesos inútiles añadidos a las necesidades primarias de comer, abrigarse y guarecerse.
—Dígame, señora de Almenara, ¿dónde ha leído ese ensayo d¡sobre la inutilidad? ¡Me gustaría conocerlo!
—¡No necesito leer a los demás para formarme una opinión doctor!
—Prosiga, señora: me tiene usted absolutamente fascinado.
—Pues bien -continuó Alicia-. En el momento mismo en que el espíritu creador del hombre se despegó incluso de la necesidad primaria para producir sus lucubraciones, nacieron las grandes Artes: la Poesía, la Danza, la Música y la Pintura.
—Olvida la Arquitectura.
—Considero que la Arquitectura, como a la Gastronomía, un añadido inútil a una necesidad “primaria”. La Danza, en cierto modo, también tiene este lastre, pero se aleja más de la necesidad. Es... ¿cómo explicarme?, una...una...¡una mímica sublimada! ¡Eso es lo que quería decir! Tal vez la Danza sea anterior al lenguaje y tuviera en sus orígenes una intencionalidad práctica: con carga erótica, reverencial o religiosa. ¡Yo no estaba allí, y no sé qué “intencionalidad” tenía! Pero no hay duda que encerraba un “propósito”, encaminado a la consecución de un fin. No sé si me explico, perola intencionalidad es algo muy superior a la “necesidad primaria”. Está ya directamente relacionada con el juicio y la voluntad. “Quiero esto y voy a demostrarlo con gestos y ademanes rítmicos”. ¡Y la Humanidad se puso a danzar! ¡De ahí a la Paulova o a Nureyev no había más que un paso! La Pintura pertenece a un género superior. ¡Es más inútil todavía! Tiene un lejanísimo parentesco con la escritura ideográfica, mas una vez añadida su carga de inutilidad, la distancia entre lo necesario y lo que no sirve para nada, se hace tan grande que la considero entre las primeras Artes Mayores. ¿No opina lo mismo, doctor?
—Mi querida amiga, no es mi opinión lo que interesa, sino la suya.
—¿Y no le interesa que a mí me interese conocer su opinión, doctor? ¡Sería muy poco galante de su parte dejarme hablar y hablar sin intervenir!
—Eso es precisamente lo que deseo, señora. Y empiezo a pensar que se me ha acabado la inspiración. ¿Cómo juzga usted a la Poesía?
—Paralela en méritos a la Pintura, aunque un tanto más inútil todavía. ¿Que quiere decir, o para qué sirve decir:
Mi corazón, como una sierpe
se ha desprendido de su piel,
y aquí la miro entre mis dedos
llena de heridas y de miel.?
»¡Oh, doctor! Ni el corazón tiene una piel como la de la serpientes que se la cambian cada temporada como las modas de las mujeres, ni los ofidios ni el corazón acostumbran a impregnarse del zumo de las abejas; ni hay hombre que pueda contemplar víscera tan delicada entre las manos: pues si estuviera vivo moriría en el intento; y si muerto, no podría contemplarla. ¡Y sin embargo este poemilla de García Lorca es arte puro!
»Queda, por último la Música. ¿Qué mayor inutilidad que unir unos ruidos con otros ruidos que no expresan directamente nada y que pueden ser interpretados de mil distintas maneras según el estado de ánimo de quién los escuche? ¿A quién alimenta eso? ¿A quién abriga? ¿A quién cobija? ¡A nadie! La Música es la más inútil, biológicamente hablando, de todas las Artes y, por ello, por su pavorosa y total inutilidad, es la más grande de todas ellas; la menos irracional, la más intelectual, la más espiritual, la más humana, en tanto que eso signifique superación de los seres inferiores. Porque lo cierto es que hay quien entiende, ¡equivocadamente, claro está! Por “humano...”.
Alicia se detuvo y se sonrojó.
—¡Ah, doctor, estoy hablando como un ser pedante e insufrible! Discúlpeme. No quiero hablar más.
—La he llamado precisamente para que conversemos -insistió el doctor-.
—Estoy tan avergonzada de mi charlatanería... que ahora desearía ser “mutista”, como mi compañero de mesa en el desayuno.
—¿Un tal Rosendo López? —preguntó el doctor.
—No. Mi vecino de mesa se llama Bocanegra, o algo parecido, y me ha escrito una nota diciendo que “no habla porque no le da la gana”.
—Ese sí que es un verdadero enfermo -comentó el doctor- ¡Un verdadero enfermo!
Y al punto se arrepintió de haberlo dicho, porque indirectamente había insinuado que ella no lo era. Y afirmar eso sería tanto como engañarla.