miércoles, 21 de octubre de 2015

Hablemos de literatura romántica #1

Hace varios días queríamos comenzar una serie de entradas sobre literatura romántica, queremos hacerlo porque es un género que nos apasiona y del cual somos fieles seguidoras. Además de querer hacerlo por nuestro gusto, lo hacemos porque creemos que como lectoras tenemos derecho a expresar nuestro sentir ya que hemos notado con cierta tristeza que el género es poco valorado por las editoriales que tienen presencia en nuestro país, sin mencionar la falta de respeto y discriminación de la cual son víctimas sus lectores.

Hace un par de semanas descubrimos una entrada publicada en la web Publishers Weekly donde Kristan Higgins, una de las autoras mas prolíficas de la literatura romántica habla sobre  la novela romántica y sus detractores, algunos que sin leer o conocer del género se creen con la autoridad de criticarlo y por eso pensamos que la mejor manera de iniciar con estas entradas era publicar el texto porque nos parecen muy válidos los argumentos de la autora.
¿Nunca has leído una novela romántica? Madura, por Kristan Higgins.

Traducción de Betzabeth Acosta

El descarte enfático del género más leído en el mundo revela ignorancia, no una superioridad intelectual.

Hace unos años, me invitaron a una conferencia de escritura en la universidad Mount Holyoke. Había escritoras románticas; Judith Arnold, Linda Cardillo y yo. Los otros escritores eran en su mayoría poetas y memorialistas, y hubo algunos novelistas de renombre. El orador principal fue Andre Dubus III. En su discurso, describió al lector típico de romance como "una mujer leyendo una novela romántica chabacana mientras ve simultáneamente telenovelas y come."

Durante el período de preguntas y respuestas, Judith(una amiga mía) le preguntó a Dubus su conocimiento sobre libros de romance. Él admitió que nunca había leído uno. Ella recalcó que la mayoría de las personas que critican el romance no lo han hecho. Dubus dijo que se le quitaron las ganas por "esas cubiertas cursis con Fabio" y continuó disculpándose… y cambió de tema.

Judith fue valiente ese día. Yo también he sido valiente durante más conversaciones y entrevistas de las que puedo contar. Pero este es el caso: estoy cansada de defender el romance. Estoy cansada de repetir más de un millón de veces una respuesta agradable y tolerante al pedir que le den una oportunidad. Estoy cansada de que los medios de comunicación digan palabras como romanticón y porno para mamás. Estoy cansada de explicar que, sí, yo también he leído las grandes obras de la literatura, y que, sí, sigo leyéndolas hoy en día. Estoy cansada de que me digan que tengo el talento para escribir un libro "de verdad".

En vez de defender los libros de romance a aquellos que nunca han leído uno, me gustaría decir esto en su lugar: maduren. El descarte enfático del género más leído en el mundo revela ignorancia, no superioridad intelectual. Esta es una industria de mil millones de dólares, y no está construida en insipidez y cliché. Existe y prospera porque los autores románticos ofrecen a los lectores una experiencia emocional que refleja un deseo elemental en la vida: encontrar a una pareja constante y amorosa; convertirse en la mejor versión de ti mismo; perdonar nuestros errores del pasado y aprender sobre ellos.

El romance abarca fantasía, suspenso, comedia, historia, misterio, temas adultos y crimen. La única diferencia entre el romance y cualquier otro tipo de ficción es la promesa de un final emocionalmente satisfactorio. Yo no tengo ningún problema con eso. No creo que los lectores sean perezosos o estúpidos porque quieran sentirse animados al final de un libro.

Existen algunos romances muy mal escritos, es verdad, al igual que hay misterios sin brillo, obras literarias auto-indulgente, y memorias poco sólidas. Pero la mayoría de las novelas románticas representan a las mujeres y a los hombres que creen en su fuerza y ​​convicciones, que están dispuestos a aprender de sus errores, y que resuelven los problemas y conflictos que se interponen en el camino de una vida mejor. Las heroínas no son rescatadas por un héroe; en cambio, ellas se salvan a sí mismas. Una protagonista femenina típica no está incompleta hasta el matrimonio. El objetivo de su viaje no es llegar al altar, su objetivo es crecer como persona para poder crear una vida plena para sí misma, y ​​sí, encontrar la felicidad con una pareja decente, amable que la merece y a quien ella se merece.

Para aquellos que, como Dubus, descartarían a todo un género sin siquiera abrir una cubierta, les digo, reúnanse con nosotros, los escritores románticos. Pueden quedar sorprendidos. Nuestra comunidad está llena de mujeres brillantes (y algunos hombres); profesores, médicos, abogados, personas con educación estelar y experiencia. Algunos de los escritores de mayor éxito equilibran un día de trabajo con su familia y además de ello una carrera de escritor. Nuestros libros son reales, llenos de toda la gama de emociones humanas. Ellos hablan del anhelo más fuerte y más universal que existe; pertenecer. Ser aceptado. Ser amado.

Escribir sobre estos temas tiende a hacer a los escritores románticos personas felices y optimistas. En general somos un grupo muy unido. Incluso me atrevo a decir que somos divertidos. Algunos en el negocio son extremadamente prolíficos, pero no producimos libros en masa. Trabajamos tan duro como cualquier escritor en cualquier género, y escribimos sobre los caprichos y las esperanzas del corazón humano, sobre la fe y tenacidad, la independencia, fuerza y ​​el perdón. Las mejores novelas románticas representan personajes que son defectuosos y complejos, personajes que luchan para crear la vida que quieren y que tienen éxito en hacerlo.

No hay nada simplista o predecible o romanticón sobre eso. Nuestros libros tienen finales felices, sí. Nuestros libros afirman la fe en la humanidad y predican la bondad y la valentía del corazón ordinario. Hacemos a nuestros lectores reír, los hacemos llorar, y afirmamos nuestra creencia en el perdurable y elevado poder del amor. No veo el problema en eso.

Ver con desprecio a todo el género romántico, y a los cientos de millones de personas que leen estos libros es simple y plena ignorancia y tener una mente estrecha. Así que si eres uno de los que nunca han leído una novela romántica, escoge una. Sí, hay besos. Puedes manejarlo. Incluso podría gustarte.
Texto original 
Never Read a Romance Novel? Grow Up

The categorical dismissal of the most-read genre in the world reveals ignorance, not intellectual superiority

By Kristan Higgins | Aug 14, 2015

A few years ago, I was invited to a writing conference at Mount Holyoke College. There were romance writers there—me, Judith Arnold, and Linda Cardillo. The other writers were mostly poets and memoirists, and there were a few well-known novelists. The keynote speaker was Andre Dubus III. In his address, he described the typical romance reader as “some woman reading a schlocky romance novel while simultaneously watching soap operas and eating.”

During the q&a period, Judith (a friend of mine) asked Dubus about his knowledge of romance books. He admitted he’d never read one. Most people who criticize romance haven’t, she countered. Dubus said he was put off by “those cheesy covers with Fabio” and went on to apologize—and change the subject.

Judith was valiant that day. I’ve been valiant, too, during more conversations and interviews than I can count. But here’s the thing: I’m tired of defending romance. I’m tired of giving a good-natured, tolerant you-should-try-it answer for the thousandth time. I’m tired of the media using the words bodice ripper and mommy porn. I’m tired of explaining that, yes, I too have read the great works of literature, and that, yes, I continue to read them today. I’m tired of being told I have the talent to write a “real” book.

Instead of defending romance books to those who’ve never read one, I’d like to say this instead: grow up. The categorical dismissal of the most-read genre in the world reveals ignorance, not intellectual superiority. This is a billion-dollar industry, and it’s not built on vapidity and cliché. It exists and thrives because romance authors offer readers an emotional experience that mirrors an elemental desire in life: to find a constant and loving companion; to become our best selves; to forgive our mistakes of the past and learn from them.

Romance encompasses fantasy, suspense, comedy, history, mystery, coming-of-age, and crime. The only difference between romance and just about any other kind of fiction is the promise of an emotionally satisfying ending. I don’t have a problem with that. I don’t think readers are lazy or stupid because they want to feel uplifted at the end of a book.

There are some very poorly written romances out there, it’s true, just as there are lackluster mysteries, self-indulgent literary works, and rambling memoirs. But most romance novels depict women and men who believe in their strength and convictions, who are willing to learn from their mistakes, and who take on issues and conflicts that stand in the way of a better life. Heroines are not rescued by a hero; instead, they save themselves. A typical female protagonist is not incomplete until marriage. Her journey is not about getting to the altar—it’s about growing as a person so that she can create a full life for herself, and yes, find happiness with a decent, kind partner who deserves her and whom she deserves.

To those who, like Dubus, would dismiss an entire genre without ever cracking a cover, I say, hang out with us romance writers. You might be surprised. Our community is filled with brilliant women (and a few men)—professors, doctors, lawyers, people with stellar educations and experiences. Some of the most successful writers balance a day job with family and a writing career on top of that. Our books are real, filled with the entire range of human emotions. They speak of the strongest and most universal yearning there is—to belong. To be accepted. To be loved.

Writing about these subjects tends to make romance writers happy, optimistic people. We’re a very tight-knit group, by and large. We’re—dare I say it?—fun. Some in the business are extremely prolific, but we don’t churn out books. We work as hard as any writer in any genre, and we write of the vagaries and hopes of the human heart, of faith and tenacity, independence, strength, and forgiveness. The best romance novels depict characters that are flawed and complex, characters who struggle to create the life they want and who succeed in doing so.

There’s nothing simplistic or formulaic or schlocky about that. Our books have happy endings, yes. Our books affirm faith in humanity and preach the goodness and courage of the ordinary heart. We make our readers laugh, we make them cry, and we affirm our belief in the enduring, uplifting power of love. I fail to see the problem here.

To view with contempt the entire romance genre—and the hundreds of millions of people who read these books—is simply ignorant and narrow-minded. So if you’re one of those who’s never read a romance novel, pick one up. Yes, there’s kissing. You can handle it. You might even like it.

Gracias Betza por la traducción :)

Esperamos sus opiniones y comentarios. Recuerden que este es un espacio para debatir y expresarnos con respeto.